Santi Roca. _
Gandia ha vivido este sábado una de esas despedidas que trascienden lo deportivo para adentrarse en lo emocional, en lo identitario. La Colegiata ha acogido el entierro de Antonio Soldevila, una figura imprescindible para entender la historia del fútbol en la ciudad y, especialmente, del CF Gandia.
El templo presentaba un aspecto imponente, en una tarde gris, tristona y lluviosa; repleto de familiares, amigos, exjugadores, técnicos y personas vinculadas al fútbol que quisieron rendir su último homenaje a quien fue mucho más que un futbolista o entrenador: un símbolo. Un referente de una época dorada, un hombre que llevó el nombre de Gandia con orgullo y que dedicó su vida al club de su ciudad.
La despedida reunió a nombres propios de distintas generaciones del fútbol gandiense. Estuvieron presentes futbolistas históricos como Pomar y Juanín, integrantes de aquella mítica defensa junto a Sorribes, además de Ramón González, Marcos, Albelda, Tono, Chesa, Naveiro, así como otros nombres vinculados al club como Amorós, Melis, Sancho, Bataller o Ignacio Catalá. También acudió el ex entrenador Damián Castaño, reflejo del respeto que Soldevila despertaba en todos los estamentos del fútbol.
En el plano institucional, estuvieron presentes los ex presidentes Dionisio Ollero y Jesús Sendra, así como los directivos actuales Rafa Nogueroles, el mencionado Ignacio (aunque ambos hubieran acudido igualmente aún no siéndolo) Sergio Avilés y Héctor Salazar.
El adiós a Soldevila también dejó entrever cierta sensación compartida: la magnitud de su figura merecía, quizá, una representación institucional más amplia. Porque hablar de Antonio Soldevila no es solo hablar de fútbol, es hablar de una parte de la historia viva de Gandia, de una persona profundamente comprometida con su ciudad y con su club. Hay ausencias que tienen difícil justificación y debieran hacérselo mirar.
Soldevila formó parte de aquel Gandia de los años sesenta y setenta que dejó huella. Un equipo mítico que forjó la fama de un gran club, con el estadio lleno y una ciudad que los idolatraba. La eliminatoria ante el Mahón es uno de los momentos culminantes de esa rutilante generación y el partido de su retirada, da un idea de la magnitud del futbolista y del hombre, con Quini y Orozco como invitados y un Olagüe entregado al que fuera su gran capitán durante más de una década.

Posteriormente continuó ligado al fútbol desde los banquillos y los despachos, dirigiendo y formando a numerosos jugadores tanto en el propio Gandia como en otros equipos como el Beniopa. Muchos de ellos le quisieron acompañar hoy en su adiós, porque su legado no se mide únicamente en resultados, sino en personas, en valores y en una manera de entender este deporte y también la familia y las amistades. Orgulloso puede estar de todos ellos.
Uno de los momentos más emotivos de la tarde se vivió junto a su féretro. Sobre él y junto a su foto, una camiseta muy especial: la que le fue entregada recientemente en el Torneo de Leyendas organizado por El Tertulión Gandia. Una camiseta con su nombre grabado, símbolo del reconocimiento a toda una trayectoria.

Para quienes formamos parte de El Tertulión y Radio Marca Gandia, fue un auténtico honor, pero también una emoción enorme, ver esa camiseta hoy sobre su féretro. Una imagen difícil de olvidar, cargada de significado, que conecta directamente con el cariño y el respeto que siempre le hemos profesado. Haber podido homenajearle en vida y comprobar hoy que ese detalle le ha acompañado en su último adiós es, sin duda, algo que nos marcará para siempre.
Porque Antonio Soldevila fue, es y seguirá siendo exactamente eso: una leyenda, un mito, un nombre que forma parte de la esencia del CF Gandia y de la propia ciudad.
Gandia despide hoy a uno de los suyos. Y lo hace con la certeza de que su historia, su ejemplo y su huella permanecerán para siempre junto a nosotros. Hará bien el club al que hizo grande en perpetuar imágenes y figuras como la suya. Porque vivir de la historia tiene un precio: respetarla. Poner su nombre a una de las puertas del estadio sería un buen comienzo: Puerta Antonio Soldevila. Un lugar donde entrar en la historia que él mismo escribió. Hasta siempre ídolo.









