Santi Roca._ El CF Gandia tiene esta noche mucho más que tres puntos en juego. Los blanquiazules visitan a la UD Alzira a las 20:30 horas para disputar el encuentro correspondiente a la quinta jornada, aplazado el pasado 4 de octubre como consecuencia del estado del terreno de juego tras las lluvias. Y el partido llega en un momento especialmente delicado para los dos equipos, aunque, en el caso del Gandia, la necesidad empieza a ir bastante más allá de una simple cuestión clasificatoria.
Los blanquiazules llegan después de perder en el Guillermo Olagüe frente al Thader, una derrota que se suma a la sufrida anteriormente en Benidorm. Antes habían empatado sus dos primeros encuentros frente a Olímpic y Alberic, y la única victoria conseguida hasta el momento llegó ante un Santa Pola que actualmente ocupa la penúltima posición de la tabla.
Pero quizá lo más preocupante es que alrededor del equipo se percibe cierto mar de fondo. En las últimas jornadas, Alberto Gregori ha dejado fuera de convocatorias o del equipo a algunos futbolistas llamados a tener un peso importante dentro de la plantilla. Algunas de esas decisiones parecen responder más a cuestiones disciplinarias que estrictamente deportivas y, con razón o sin ella, han terminado colocando el foco sobre la relación entre el entrenador y determinados jugadores.
Conviene repartir responsabilidades.
El entrenador tiene que gestionar el vestuario, tomar decisiones y asumir que los resultados terminan marcando inevitablemente su situación. Pero también habría que preguntarse si todos los integrantes de la plantilla están correspondiendo con la profesionalidad, compromiso y seriedad que exige vestir la camiseta del CF Gandia.
Porque este no puede convertirse únicamente en un debate sobre Gregori. Los jugadores también tienen mucho que decir. Y, sobre todo, mucho que demostrar.
Por eso, Alzira puede convertirse esta noche en un punto de inflexión. El Gandia necesita ganar, pero quizá necesite todavía más volver a transmitir la sensación de ser un equipo unido, competitivo y reconocible. Necesita recuperar confianza y evitar que las dudas deportivas terminen contaminando definitivamente el ambiente.
Para Alberto Gregori, además, el encuentro adquiere una dimensión especial. Cuando los resultados no llegan, la figura del entrenador siempre queda expuesta. Una victoria permitiría ganar oxígeno, recuperar tranquilidad y afrontar las próximas jornadas desde una perspectiva muy diferente. Una nueva derrota, por el contrario, aumentaría inevitablemente la presión alrededor del banquillo.
Estamos todavía al comienzo de la temporada y queda muchísimo campeonato. No es una final. Pero hay partidos que, sin ser finales, pueden marcar el rumbo de una temporada. Y el de esta noche tiene todos los ingredientes para ser uno de ellos.
El CF Gandia y Alberto Gregori se juegan algo más que tres puntos en Alzira. Se juegan recuperar la estabilidad. Y que a estas alturas se hable de estabilidad y relaciones debería hacer reflexionar a todos.











