Santi Roca | Radio Marca Gandia
El fichaje de 𝗖𝗮𝗿𝗹𝗼𝘀 𝗘𝘀𝗽𝗶́ por el 𝗥𝗲𝗮𝗹 𝗠𝗮𝗱𝗿𝗶𝗱 es la noticia del año o, quizá, de la década en su Tavernes natal. Una localidad que rezuma fútbol por los cuatro costados y que, a los éxitos de su equipo esta temporada —campeón de La Nostra Copa y clasificado para el play-off de ascenso a Tercera—, ha sumado el notición de la llegada de uno de sus vecinos a la meca del fútbol. Pero la ciudad y los más antiguos de la plaza aún recuerdan las gestas de cuatro de sus paisanos más ilustres: el añorado 𝗦𝗮𝗹𝘃𝗮 𝗤𝘂𝗶𝗹𝗲𝘀 y los hermanos 𝗙𝗲𝗿𝗿𝗮𝗻𝗱𝗼, que, en mayor o menor medida, pisaron los campos de Primera División entre las décadas de los setenta y los noventa.
Espí ya puede sentarse a comer en la misma mesa que Quiles, César, Paco y Juan Carlos, quienes suman entre todos la friolera de 𝟮𝟳𝟴 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗱𝗼𝘀 𝘆 𝟮𝟵 𝗴𝗼𝗹𝗲𝘀 𝗲𝗻 𝗣𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿𝗮 𝗗𝗶𝘃𝗶𝘀𝗶𝗼́𝗻. El flamante «nueve» del Real Madrid se ganó ese derecho tras su explosión de la última temporada: 𝟮𝟱 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗱𝗼𝘀 𝘆 𝟭𝟭 𝗴𝗼𝗹𝗲𝘀 en la máxima categoría con solo 21 años. Todo invita a pensar que algún día podrá incluso presidir esa mesa. De momento, el asiento de la cabecera aún corresponde al legendario Quiles, con quien comparte además la condición de internacional, aunque en escalones distintos: Espí con las categorías inferiores —sub-19 y sub-20— y Quiles con la selección olímpica.
𝗦𝗮𝗹𝘃𝗮𝗱𝗼𝗿 𝗘𝘀𝗰𝗿𝗶𝗵𝘂𝗲𝗹𝗮 𝗤𝘂𝗶𝗹𝗲𝘀 (Tavernes, 28 de febrero de 1951-6 de agosto de 2021) fue el pionero de esta historia. Imaginen aquella Tavernes de los setenta, con un orgullo similar al actual, cuando Salva lideraba, y de qué manera, aquel mítico 𝗚𝗿𝗮𝗻𝗮𝗱𝗮 que marcó una época junto a su querido Castellanos. Su carrera fue rutilante: 𝘀𝗲𝗶𝘀 𝘁𝗲𝗺𝗽𝗼𝗿𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗣𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿𝗮, 𝗰𝗶𝗻𝗰𝗼 𝗲𝗻 𝗦𝗲𝗴𝘂𝗻𝗱𝗮 𝘆 𝘂𝗻𝗮 𝗲𝗻 𝗦𝗲𝗴𝘂𝗻𝗱𝗮 𝗕, repartidas entre Sabadell, Granada y Alavés. En la máxima categoría sumó 𝟭𝟱𝟵 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗱𝗼𝘀 𝘆 𝟮𝟰 𝗴𝗼𝗹𝗲𝘀, en una Liga en la que brillaban estrellas como Cruyff —cuyo debut en España se produjo precisamente ante su Granada—, Neeskens, Luis Aragonés, Iribar, Breitner o Amancio. Allí Quiles era protagonista y así lo reconocen en Los Cármenes, donde es recordado como la leyenda que es.

𝗣𝗮𝗰𝗼 𝗙𝗲𝗿𝗿𝗮𝗻𝗱𝗼 (Tavernes, 22 de agosto de 1962). El segundo de la saga disputó cinco temporadas en Primera con el Valencia y participó también en el equipo que recuperó la categoría tras el traumático descenso de 1986. Después brilló en Segunda con el 𝗖𝗲𝗹𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗩𝗶𝗴𝗼, donde permaneció dos temporadas, y, como Espí, también jugó en el Levante, ya en los albores de su carrera. 𝟱𝟵 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗱𝗼𝘀 𝘆 𝘁𝗿𝗲𝘀 𝗴𝗼𝗹𝗲𝘀 llevan su firma en Primera. Si hubiera que buscar al Mbappé del fútbol de Paco, habría que citar, sin lugar a dudas, a la 𝗤𝘂𝗶𝗻𝘁𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗕𝘂𝗶𝘁𝗿𝗲, que dominaba aquel fútbol. Lineker, Futre, Laudrup, Butragueño o Míchel ocupaban las portadas de la época.
𝗝𝘂𝗮𝗻 𝗖𝗮𝗿𝗹𝗼𝘀 𝗙𝗲𝗿𝗿𝗮𝗻𝗱𝗼 (Tavernes, 25 de mayo de 1965). El menor de los Ferrando, un mediocentro organizador de gran clase, también probó, aunque brevemente, las mieles de la Primera División de la mano de Benito Floro en aquel 𝗔𝗹𝗯𝗮𝗰𝗲𝘁𝗲 de Conejo, Zalazar o Urzaiz. Allí coincidiría con varios excompañeros del Gandia, como Guijarro, con quien ascendió a Segunda B, o el exvalencianista Juárez. Apenas pudo disfrutar de 𝘁𝗿𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗱𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝗣𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿𝗮, en una Liga, la 1991-92, que conquistó el Barcelona del Dream Team y cuya tabla de goleadores encabezó el atlético Manolo, por delante de Hierro, Stoichkov, Koeman, Polster y Kodro. Juan Carlos cuajó una gran carrera en algunos de los principales equipos de la Comunitat, salvo el Valencia: Levante, Hércules y Villarreal, acumulando cinco temporadas y 95 partidos en Segunda.
Cinco futbolistas con muchos puntos en común. Varios de ellos pasaron por clubes como el Levante, el Alzira o el Gandia; dos jugaron en el Valencia y otros dos en el Sabadell. Pero solo uno ha llegado al Real Madrid. Quiles también pudo acabar en Chamartín, aunque esa es otra historia.
Ahora a Espí le toca jugar la Liga de 𝗠𝗯𝗮𝗽𝗽𝗲́ y 𝗟𝗮𝗺𝗶𝗻𝗲 𝗬𝗮𝗺𝗮𝗹, convivir con la generación campeona del mundo y manejar un entorno que en nada recuerda al que vivieron sus antecesores. En Tavernes han cambiado las calles, los campos y hasta la manera de contar el fútbol, pero no el orgullo de ver a uno de los suyos codearse con los mejores.
La tenacidad de Espí, la humildad con la que ha construido el inicio de su carrera, la protección de su entorno más próximo y sus ganas de comerse el mundo son valores añadidos a sus condiciones deportivas.
Es el último comensal de un banquete reservado para elegidos. 𝗕𝗶𝗲𝗻𝘃𝗲𝗻𝗶𝗱𝗼 𝗮 𝗹𝗮 𝗺𝗲𝘀𝗮, 𝗖𝗮𝗿𝗹𝗼𝘀. 𝗧𝗲 𝘁𝗼𝗰𝗮 𝗲𝘀𝗰𝗿𝗶𝗯𝗶𝗿 𝘁𝘂 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗮 𝗵𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮.









